La misa de batalla de Tomás Luis de Victoria

La misa de batalla de Tomás Luis de Victoria

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De todas las misas que compuso Tomás Luis de Victoria, hay una muy especial, la Missa Pro Victoria a 9, también conocida como Misa de Batalla. Por una parte, se trata de la única misa dentro de su obra escrita para nueve voces, y, por otra, es la única que bebe de una fuente profana, pues se trata de una parodia de la chanson La guerre de Clément Janequin. Apareció publicada en un volumen que vio la luz en 1600, y, para algunos críticos, contiene elementos protobarrocos, que denotan una evolución en el estilo de este creador, contagiándose de la innovación musical que protagonizó el cambio de siglo.

También se dice que esta misa guerrera era muy apreciada por el joven monarca Felipe III, y que Victoria probablemente la concibió expresamente para satisfacer sus gustos y recibir su favor. La pieza tiene una aire bélico y, aunque está escrita para voces y órgano, no sería de extrañar que en su ejecución estuviese prevista la intervención de otros instrumentos para recrear el ambiente de una batalla.

Tomás Luis de Victoria volvió a España hacia 1585, después de una estancia en Roma que se había extendido a lo largo de unos veinte años. Llegó a dicha ciudad para continuar sus estudios en el Colegio Germánico, aunque es un periodo de su vida del que no se disponen muchos datos. Algún autor defiende que ejerció como cantor, y, posteriormente, como maestro de capilla. En 1565, fecha de la llegada de Victoria, el colegio contaba con 200 alumnos, que estaban divididos en dos grupos, una minoría de alemanes preparándose para ser misioneros, y la gran mayoría a los que denominaban  pensionistas (convittori).

Los mayores benefactores del Collegium Germanicum fueron el rey Felipe II y el cardenal arzobispo de Augsburgo, Otto van Truchsess van Waldburg, a quien Tomás Luis de Victoria dedica su primer libro de motetes impreso en Venecia en 1572.Tras desarrollar en Roma una carrera como compositor coronada por el éxito, como él mismo expresa en una carta que envía a Felipe II en 1583 (“habiendo mucho antes de ahora compuesto y hecho imprimir, obras que advertí fueron recibidas, con aplauso”), decide volver a España para, en sus propias palabras,“gozar de honesto descanso entregando el espíritu a la contemplación divina –como cumple a un sacerdote”.

En Madrid, Victoria asume una capellanía en el Monasterio de las Descalzas Reales, donde sirve como maestro de capilla y como capellán de la emperatriz María, hija de Carlos V y viuda de Maximiliano II, quien había llegado a España junto con su hija Margarita en 1582. Allí permanecerá el compositor hasta su muerte en 1611, escribiendo y publicando música, y gozando de la fama de ser uno de los músicos más reputados del momento.

En 1600 Tomás Luis de Victoria publica su libro Missae, magnificat, motetca, psalmi, et alia, y se la dedica a Felipe III, que acababa de subir el trono, comparando en la dedicatoria al rey con figuras históricas como Alejandro Magno, Homero, Aquiles o Plutarco. Y se ha llegado a insinuar que la evolución del estilo que marca esta compilación pudo estar motivada por acercar la música a los gustos del joven monarca, que diferían en gran medida de los de su padre, para ganarse su favor.

La obra introducía una innovación editorial pues el autor exige que se imprima “conforme y del tamaño de los que se imprimen en Venecia”, como expresa en una carta. Además, las piezas contenidas abundan en la influencia italiana, que desde el decenio de 1580 venía sustituyendo a la tradición flamenca que había imperado en la corte, a través de la práctica de la homofonía en un estilo policoral. Una obra policoral está concebida para ser cantada por varios coros, por lo menos, dos.

El libro de 1600 contiene misas, motetes y salmos, como indica su nombre, algunas piezas ya publicadas en ediciones anteriores y otras completamente nuevas. En total incluye cinco misas, cuatro antes no impresas Missa Alma redemptoris, Missa Ave Regina, Missa Laetatus sum y Missa Pro Victoria, y otra, Missa Salve Regina, que ya había sido publicada en el volumen de 1592. Todas son misas parodia y cuatro de ellas tienen su fuente en piezas del propio Victoria presentes en el libro. Solamente la Missa Pro Victoria bebe de una fuente externa.

La pieza de este volumen que nos ocupa, la Missa Pro Victoria a 9 voces, parece ser que fue muy del agrado de Felipe III, pues el mismo Victoria comentaba al respecto, en una de sus cartas, que era “una misa de batalla que dio gran gusto al Rey nuestro señor”. Se trata de una parodia de la canción para cuatro voces La guerre de Clément Janequin, escrita en 1525 para conmemorar la Batalla de Marignano, y que apareció publicada por primera vez en 1528. Fue una pieza que gozó de gran popularidad en España, dado que, aparte de la misa de Tomás Luis de Victoria, inspiró otras a Juan Esquivel, Francisco Guerrero y Cristóbal de Morales.

ES esta una misa singular y nada típica, que bien podía salir del entorno catedralicio y deleitar a otros públicos, como el rey y sus cortesanos, dado su “carácter festivo”, como apunta Robert Stevenson (Estudio Biográfico y Estilístico de Tomás Luis de Victoria, 1966). Está articulada en torno a un coro de cinco voces y otro de cuatro, más un órgano que acompaña al primero. Igualmente, podían intervenir ministriles en su ejecución.

La misa de batalla es el género musical que une lo político y lo religioso. La pieza de Victoria importa el aire bélico de la de Janequin, y reclama la interpretación instrumental al sugerir de algún modo con su viveza los sonidos de la batalla. De las cinco misas que aparecen en el libro de 1600, la Pro victoria es sin duda la que ofrece más referencias a la pieza en la que está inspirada.

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