La inspiración musical de Hildegard Von Bingen

La inspiración musical de Hildegard Von Bingen

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La música ocupó un lugar distintivo en la vida, la obra y el pensamiento de Hildegard Von Bingen, autora polifacética medieval que escribió numerosos tratados y magníficas composiciones.

Hildegard otorgaba a la música —y al canto de alabanzas en particular— una función activa en la historia de la humanidad, afirmando que cantar es una práctica mediadora por la que el ser humano hace presente a la divinidad, y al mismo tiempo renueva su propia condición edénica.

El alma es “sinfónica”, dice Hildegard, y el canto que el ser humano entona con el alma es un eco de la armonía celeste.

Así, Hildegard considera que la música es capaz de una transformación personal, y también colectiva, ya que entiende la práctica musical como una forma de cohesión social, en un momento histórico que no en vano es recordado como la época de las cruzadas.

Compositora “inspirada”

Hildegard Von Bingen (1098-1179) nació en Bermersheim, en la región alemana de Renania-Palatinado, y procedía de una familia aristocrática.

Siendo niña ingresó como oblata en el monasterio de Disibodenberg, en el que fue discípula de Jutta de Spanheim, una reclusa seis años mayor que ella a la que sucedería en 1136 como magistra del cenobio femen ino.

Según se narra en la Vida de santa Hildegard escrita por Teodorico de Echternach tras la muerte de Hildegard, Jutta “le instruyó en el salterio decacorde y le enseñó a gozar de los salmos de David”.

Sin embargo, en un pasaje autobiográfico incluido en la Vida Hildegard afirma que componía cantos y melodías para alabar a Dios y a los santos sin haber recibido nunca una formación específica, y que los interpretaba pese a no haber estudiado la notación musical neumática ni el canto.

Del mismo modo que decía escribir sus obras en latín sin tener conocimientos de gramática latina, asimismo afirmaba componer música sin conocer los elementos esenciales del lenguaje musical.

No obstante, escribió y se hizo entender; compuso y se hizo escuchar.

Testimonio de su actividad musical —que debió contar con un importante componente autodidacta— son el drama moralizante Ordo Virtutum y las canciones de la Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales, ambos con letra y música de Hildegard Von Bingen, la compositora de autoría conocida más prolífica de la Edad Media.

Su autoría comprende un amplio corpus, que incluye una trilogía visionaria (formada por las obras Scivias, Libro de los méritos de la vida y Libro de las obras divinas), escritos médico-naturalistas, un extenso epistolario, una Lingua ignota, así como las mencionadas composiciones musicales.

Su actividad como escritora empezó a la edad de 42 años, un momento fundamental de su vida que refiere en un fragmento de su primera obra, Scivias.

Allí relata que la “voz del cielo” le ordenó “decir y escribir” lo que “veía y escuchaba”.

Y agrega: “Mas las visiones que contemplé, nunca las percibí ni durante el sueño, ni en el reposo, ni en el delirio. Ni con los ojos de mi cuerpo, ni con los del hombre exterior, ni en lugares apartados. Sino que las he recibido despierta, absorta con la mente pura, con los ojos y oídos del hombre interior, en espacios abiertos, según quiso la voluntad de Dios”.

Al equiparar el sentido de la vista y del oído, Hildegard se distancia de la tradición filosófica que solía otorgar a la vista un lugar principal y exclusivo, asociado con la teoría entendida como contemplación.

Ambos sentidos, vista y oído, tienen una relevancia compartida en su experiencia místico-cognoscitiva de aprehensión de la “verdad revelada”.

Esa “inspiración divina”, que Hildegard afirma percibir mediante la vista y el oído del alma, le permitió hablar con voz propia en una época —como tantas otras ha habido— en la que las mujeres debieron encontrar estrategias discursivas para poder, tras afrontar no pocas dificultades, transmitir su saber.

HILDEGARD VON BINGEN

Nacida en pleno Sacro Imperio Romano Germánico, como la hija número diez de su familia, Hildegard von Bingen estuvo desde su nacimiento en 1098 destinada a ser monja católica como diezmo a Dios.

La mentalidad medieval de la época consagraba al menor de los hijos a la actividad religiosa como un tributo. Así comenzó su educación divina con una tutora hasta los 14 años, cuando ambas se enclaustraron en el monasterio de Disibodenberg.

Desde los 3 años comenzó a tener visiones (mientras estaba lúcida) que ella siempre atribuyó como divinas. Su educación cercana a lo religioso, centrada en el canto gregoriano, la lectura de la Sagrada Escritura y la recitación continua de los salmos, se confirmó cuando a los 15 años decidió ser monja bajo la regla benedictina.

En un monasterio dominado por hombres, Hildegard ya elegida como abadesa de sus pares mujeres, encabezó la salida de las monjas del monasterio en Disibodenberg, para fundar el primero de dos monasterios exclusivamente de monjas: Rupertsberg, en 1150 y en Eibingen, en 1165.

La gracia divina que la hizo comenzar con su faceta de escritora le llegó a los 42 años.

Una epifanía le dijo que tenía que escribir todo lo que sus ojos y oídos alcanzaran.

Su primer libro, Scivias, logró el apoyo canónico para su actividad literaria, lo que la mantuvo conectada durante el resto de su vida con personalidades de la época, tanto políticas como eclesiásticas.

Su producción literaria abarca textos teológicos, botánicos y medicinales.

Se le considera una de las escritoras con mayor producción en la Baja Edad Media, donde destaca sus obras visionarias que usan alegorías con símbolos poco comunes de la época para temáticas éticas-religiosas.

Además, fue una de las primeras personas en hablar desde el punto de vista femenino sobre el orgasmo, sin pudores de ningún tipo para el siglo XII.

Además fue autora de un extenso repertorio musical del que se conservan 70 obras con letra y música, himnos, antífonas y responsorios, compilados en Symphonia armoniae celestium revelationum, (Sinfonía de la Armonía de Revelaciones Divinas).

Fue la única y primera mujer a la que la Iglesia le permitió salir del monasterio a predicar en diferentes pueblos del imperio.

Su prestigio entre sus contemporáneos llegó a tal extremo que fue conocida en su época bajo el apelativo de “La Sibila del Rin”.

Tal fue su fama de profetisa que el emperador Federico Barbarroja, tras una entrevista, le concedió un edicto de protección imperial a perpetuidad al monasterio de Rupertsberg.

Hoy es considerada Santa para la Iglesia Católica.

1 Comentario sobre “La inspiración musical de Hildegard Von Bingen”

  1. Hugo Armando Rivera dice:

    Excelente!!! Es doctora de la Iglesia.
    Su obra es inconmensurable, tal será que en Turin se realiza una feria en su nombre, donde cita teólogos , filósofos, médicos, místicos, mudicos, psicólogos, hasta gastrónomos solo para profundizar en sus enseñanzas.

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