John Dowland y la melancolía británica

John Dowland y la melancolía británica

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John Dowland es probablemente uno de los músicos más emblemáticos de la Inglaterra del cambio del siglo XVI al XVII.

Fue una de las cabezas visibles del movimiento de compositores de canciones para laúd de las islas, una corriente creativa sin comparación en la Europa de la época.

Pero aparte de sus virtudes como músico, algunos autores consideran a Dowland como una personalidad que refleja el espíritu inglés de la época, como indica el experto Anthony Rooley: “es lo “inglés” de la música de Dowland lo que impacta más fuertemente”.

Y precisamente es a la melancolía británica de este periodo a lo que se asocian las canciones de John Dowland. La música y las letras de la época florecían influidas por los versos del poeta italiano Petrarca, cuyo impacto en la Europa del siglo XVI tiene su máximo exponente en la figura del madrigal.

La melancolía petrarquista está asociada a las quejas de un amante cuya pasión no es correspondida por su amada.

Ya fuera por moda o por estética, la literatura inglesa se llena de cantos de dolor desconsolado por obra de la indiferencia femenina.

Dowland ya se hace eco de ese sentir melancólico en su Book of Songs de 1597, considerada la primera publicación de madrigales ingleses, al incluir en él la siguiente cita de Ovidio: “Nec prosunt domino, quae prosunt omnibus, artes (Las artes que ayudan a toda la humanidad no pueden ayudar a su señor)”. Asimismo, firma sus misivas con el juego de palabras “semper Dowland, semper doles”.

En su segundo libro de composiciones de 1600 introduce el motivo de las lágrimas (Lacrimae) que le identifica ya como su sello de marca, especialmente a través de la pieza Flow My Tears (Fluyen Mis Lágrimas). Lacrimae era la expresión estándar del dolor en la Europa de la época y a partir de su adopción por John Dowland se populariza en Inglaterra en la poesía, el teatro, etc.

Para Peter Holman, esto demuestra que Dowland era un gran conocedor de la música contemporánea del continente.

Existen diversas explicaciones sobre el origen de la melancolía de John Dowland:

1. Se trataba de una característica de la personalidad del músico. Es sabido que a lo largo de su vida sufrió periodos depresivos. El punto débil de esta teoría es que en la Inglaterra isabelina no se llevaba el expresar sentimientos personales y privados en obras destinadas al público.

2. La melancolía como una búsqueda intelectual esotérica. Según esta explicación, Dowland seguiría los principios neoplatónicos de la melancolía inspiradora: la unión de la música y la poesía, la contemplación filosófica y la revelación divina. Sin embargo, no hay ninguna pista que nos lleve a pensar que el músico profesaba ningún culto esotérico.

3. La melancolía como un ejercicio de retórica. Es decir, que sus canciones están vacías de contenido real y no son más que un mero ejercicio de estilo.

4. La melancolía como una estrategia política. Desde esta perspectiva, quizá la más interesante de las cuatro, los cantos doloridos de amor serían críticas a la reina Isabel I. La disidencia de Dowland estaría justificada por su condición de papista, algo que a su juicio, al ser conocido por la corona, le había cerrado profesionalmente muchas puertas en su propio país obligándole a trabajar en otras naciones europeas.

En cualquier caso, el sentimiento melancólico de John Dowland ha dado lugar a algunas de las piezas más hermosas de la historia universal de la música.

6 Comentarios sobre “John Dowland y la melancolía británica”

  1. Jopé, qué rápidos sois: no han pasado ni cinco minutos… ;-)

  2. James Louder dice:

    c.f. Robert Burton: “The Anatomy of Melancholy,” (1621).

  3. Cesar Romero dice:

    Interesante articulo, recién escucho su obra Gracias a Philip K dick quien inspirado por Dowland escribió una novela llamada Fluyan mis lágrimas dijo el policía.

  4. [...] el contacto humano, que recuerda extraordinariamente a la deprimente pose ‘semper dolens’ de John Dowland, le hace resultar bastante antipático. Su impracticable deseo de una honestidad brutal tampoco le [...]

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