Cómo puede ser que este compositor esté casi completamente olvidado hoy

Cómo puede ser que este compositor esté casi completamente olvidado hoy

  • Comentar
  • Imprimir
  • Compartir

Cuando el 27 de diciembre de 1712 André Cardinal Destouches estrenó en la Academia Real de Música , Callirhoé una tragedia lírica que contaba con libreto de Pierre-Charles Roy nadie entre el público habría entendido un desenlace que no estuviese coronado por el típico divertissement con final feliz.

El propio Luis XIV quedó encantado y la obra permaneció en cartel hasta marzo del año siguiente.

Para entonces, Destouches era ya uno de los compositores más admirados de entre los operistas sucesores de Lully.

Nacido en París en 1672, su juventud tuvo trazos novelescos.

Educado por los jesuitas, con 15 años se embarcó junto al padre Tachard en un viaje hasta Siam, acompañando a los embajadores que habían llegado desde el lejano oriente causando gran revuelo en la corte del Rey Sol.

Se le supone por entonces un acendrado celo religioso con aspiraciones misioneras que no debió de durar demasiado, pues año y medio después está de nuevo en Francia decidido a seguir una carrera militar.

Se adscribe al cuerpo de mosqueteros del rey y en 1692 participa en condición de tal en el asedio de Namur.

Pero las armas tampoco seducirían durante mucho tiempo al joven, que abandona el ejército en 1696.

Su afición musical, abonada sin duda durante su formación jesuítica, lo conduce entonces hasta André Campra, uno de los compositores más respetados del momento, quien sorprendido por el talento de su alumno lo invita a participar en la composición de La Europa Galante, obra para la cual Destouches escribirá tres arias.

En 1697, el músico tiene la oportunidad de presentar una obra propia en la Real Academia de Música: es Issé, cuya producción alcanza tal éxito que su futuro como autor de música escénica parece por completo asegurado.

Títulos como Amadís de Grèce, Marthésie, Omphale, Le Carnaval & la Folie, Télémaque & Calypso, Sémiramis o Les élémens confirman en efecto su triunfal carrera, que se ve recompensada con los nombramientos de inspector general (1713) y finalmente director (1728) de la Ópera de París.

Destouches es sin embargo un compositor casi completamente olvidado hoy, y ello puede ser debido (como comenta con acierto Benoît Dratwicki) a su propia condición de músico dedicado casi en exclusividad al teatro.

Tras la muerte de Lully y hasta la irrupción tardía de Rameau, fue justamente el género teatral el que más rápidamente pasó de moda en Francia.

Además, cuando a finales del siglo XIX se suscita el interés renovado por la música antigua son los compositores con una obra instrumental importante a sus espaldas (Couperin, Marais, Rameau) los que despiertan la admiración de los arqueólogos franceses, por lo que Destouches tuvo pocas posibilidades de ser recuperado.

A finales de la década de 1980, su ópera-ballet Les élémens (que compuso en colaboración con Lalande) conoció cierta difusión merced a la grabación de una suite de la obra a cargo de Christopher Hogwood.

En los 90, el Ensemble Baroque de Limoges (¡ojo, no el de Christophe Coin!) registró algunos otras piezas en un sello de circulación muy reducida.

Eso era todo hasta esta grabación de Hervé Niquet para Glossa, después de que Callirhoé fuera representada en la Ópera de Montpellier.

El sello madrileño publicó primero la obra en una edición en libro-disco (Colección Ediciones Singulares) pensada para el mercado francés y luego en doble CD para el resto del mundo.

Tras su éxito de 1712-13, Callirhoé había sido repuesta en París en 1731 en unas funciones para las que Destouches tomó una decisión que puede ser considerada revolucionaria, pues eliminó de un plumazo el divertissement del acto V y con él el deus ex machina, la catarsis salvadora, el lieto fine.

La obra acababa bruscamente con la muerte de Coreso y su parlamento final, el que reproduje arriba.

Desconocemos la reacción del público ante la consumación de la tragedia en su sentido más estricto, pero en 1743 Destouches retocó su obra para una nueva reposición y mantuvo este mismo final.

Es sobre la versión de 1743 sobre la que ha trabajado el equipo del Centro de Música Barroca de Versalles para la recuperación de este título que amplía nuestra panorámica sobre el arte francés del grand siècle.

Esto no es una ópera italiana, y hay muchos aficionados que no encuentran especial interés en esa especie de recitativo continuo con el que se construyen las tragedias líricas francesas.

A mí en cambio sí me interesa mucho, pues esta música está mucho más cercana del cantar parlando monteverdiano que del bel canto que se impondría después.

Es también el continuo fluir melódico de Wagner el que atraparon los compositores franceses casi dos siglos antes del triunfo del genio alemán.

En palabras de Sébastien de Brossard, con la declamación característica del recitativo francés “se presta más atención a expresar la pasión que a seguir con exactitud una medida pautada”.

El lamento de Callirhoé al principio del acto IV lo ejemplifica bien, con el paso del aria al recitativo que se inicia en el penúltimo verso: apenas un sutil cambio en la prosodia, una variación mínima en la instrumentación (los traversos parecen esfumarse) sirven para la vuelta de la declamación, antes que la entrada inmediata de Agenor (sin solución de continuidad después del corte que reproduzco) conduzca hacia un recitativo simple, empleado sabiamente por Destouches para hacer avanzar con mayor rapidez la acción.

Un prodigio de flexibilidad dramática.

Andre Cardinal Destouches

Fue un compositor francés nacido en París.

Hijo de un rico comerciante parisino, se educó en la escuela jesuita de St. Jacques.

De espíritu aventurero, viajó a Siam en dos ocasiones (1687 y 1688) y fue soldado profesional.

Compuso para guitarra Airs sérieux et à boire.

En 1694 abandonó el ejército y estudió bajo la dirección de Campra.

Entonces conoció a Houdar de la Motte, que llegó a ser su libretista titular, a quien posteriormente sustituiría Pierre-Charles Roy.

Destouches colaboró con La Motte y Campra en Europe galante, obra para la que compuso tres arias.

En 1697, gracias a sus contactos con los aristócratas, se interpretó con motivo del matrimonio del Delfín con Adelina de Saboya su pastoral heroica Issé.

En 1713 fue nombrado inspector general de la Academia Real de la Música, de la que llegó a ser director en 1728.

Tras la muerte de Luis XIV, se convirtió en protegido del Regente, a quien Destouches había conocido durante su época militar.

Gracias a él se convirtió en músico de iglesia.

En 1718 compró el cargo de superintendente de la Música del rey para suceder a Delalande.

En 1727 fue nombrado “Maître de la Musique de la Chambre” y, un año después, director de la Ópera.

Simultáneamente, inauguró una serie de concerts spirituels para la reina María semejantes al Concert Spirituel que había en la ciudad de París.

Así, su música religiosa, perdida prácticamente en su totalidad, se interpretó alternativamente en uno y otro concierto, al igual que algunos fragmentos de sus obras líricas.

Entre sus obras escénicas destacan Omphale (1701) y la ópera ballet Élements, en la que bailaba el joven rey Luis XV.

Con sus obras escénicas, preparó el camino para la independencia melódica y armónica de Rameau, cuyo clamoroso éxito en 1733 con su Hipolyte et Aricie mostró a Destouches que un nuevo estilo acababa de nacer, con lo cual se retiró.

En 1732 Rebel le compró la sucesión de su cargo.

Años antes, en 1726, compuso su última obra, la comedia lírica Les stratagèmes de l´amour.

No hay comentarios sobre “Cómo puede ser que este compositor esté casi completamente olvidado hoy”

Añadir un comentario.

Escribir un comentario