Un ilustre desconocido que fue admirado por Bach y Telemann

Un ilustre desconocido que fue admirado por Bach y Telemann

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Jan Dismas Zelenka murió casi en el olvido, en el que se mantuvo incluso en su propio país hasta que su compatriota Bedrich Smetana, en la segunda mitad del siglo XIX, lo difundiera.

El resto de Europa ha tardado muchas más décadas, aún, para reconocer la figura de este compositor excelente.

Poco se sabe de su vida antes de 1704.

Jan Dismas Zelenka nació en 1679 en Lounovice pod Blanikem, hijo del organista de esta localidad de la Bohemia Central.

Estudió en el colegio de los jesuitas de Praga.

En 1710 se traslada a la corte de Dresde, obteniendo el puesto de contrabajista en la orquesta palatina.

De 1716 a 1719 acompaña al príncipe sajón en sus viajes por Europa, donde conoce los diversos estilos barrocos.

Pasa a Viena y luego a Italia, a estudiar contrapunto y fuga, relacionándose con Johann Joseph Fux y con los operistas napolitanos.

En 1723 el emperador de Austria, Carlos VI, es coronado rey checo en Praga.

Los jesuitas solicitaron de Zelenka la composición de un drama alegórico para las ceremonias oficiales.

Conocedor del arte italiano y también del alemán, Zelenka vierte en su creación los rasgos de una y otra escuela, siempre con visión muy personal.

Era tanto un compositor de dulces melodías como un magnífico constructor de fugas.

Su música no es fácil de clasificar.

Algunos encuentran en ella incluso cierto aire premozartiano.

Entre su música instrumental, figuran numerosos conciertos.

En sus conciertos para solista o para dos solistas (de oboe y flauta, de dos violines, etc) Zelenka vierte sus conocimientos italianos (se sabe que en su biblioteca figuraban obras de Vivaldi) pero con un sentido mucho menos formalista.

Buena parte de la obra de J.D. Zelenka se ha perdido, ya que su legado, guardado en Dresde por indicación real, fue destruido en los bombardeos de 1945.

Zelenka escribió para los oficios de 1722 la música de las lecciones correspondientes a las lamentaciones de Jeremías.

Toda ella está compuesta en estilo concertante, siguiendo las corrientes italianas.

Son obras para voz solista (tenor o bajo) orquesta de cuerda, continuo y dos oboes o dos traversas.

Precisamente por esto es más reseñable que al año siguiente tenga preparada toda la serie de responsorios para esa misma celebración (veintisiete en total).

Están, a su vez, escritos en la tradición polifónica litúrgica romana: polifonía “a capella” con instrumentos “colla parte”.

Así Zelenka, ignorando intencionadamente cualquier lógica “evolutiva”, aviva la dialéctica que antes comentábamos, enfrentando en el mismo rito, en el mismo ambiente, dos estilos que estaban en plena pugna en el mundo de los compositores católicos.

En realidad la divergencia es menos esencial que lo que parece, pues el motor de ambos estilos no deja de ser el mismo: “provocar la emoción de los oyentes para así lograr el verdadero propósito de la música”, como propugna el Kapell-meister Heinichen en su tratado “Der Generalbass in der Komposition”.

A lo largo de su vida, Jan Dismas Zelenka escribió más de veinte misas.

De las seis últimas (llamadas así por el propio autor: Missae Ultimae) que intentó escribir, sólo tres han llegado hasta nosotros: la nº. 1, Missa Dei Patris; la 2, Missa Dei Filii; y la 3, Missa Omnium Sanctorum, que en realidad iba a llevar el número seis.

Es probable que, a causa de la enfermedad que le atacó desde 1739, Zelenka no tuviera fuerzas para cumplir su plan de las seis misas.

En las misas anteriores a estas últimas, Zelenka había seguido el formato de misas de ”números” en el ”estilo mixto” típico de la época.

Es decir, que de los cinco textos del ordinario del ritual (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei) los Gloria y Credo, gracias a la longitud y a la expresión cambiante de su texto, están formados por pequeñas unidades textuales.

Por otra parte, se mueven entre el estilo antiguo y el estilo moderno.

Al primero pertenecen los movimientos en motete o en fuga, y al estilo moderno el de concerto y de ópera, alternando las fugas concertantes con las sensibles o virtuosas arias, etc.

Sin embargo, tal y como advierte Thomas Kohlhase, en las misas últimas el trazado es distinto.

Zelenka encuentra en sus misas tardías tal equilibrio de la forma y de la técnica escritural, tal profundidad de la interpretación musical del texto de la misa que sus Missae Ultimae se convierten en testimonios fascinantes de una voluntad artística totalmente individual y autónoma que sobrepasa a las características de la época.

De este maestro admirado por Bach y Telemann vamos a escuchar su Miserere en do menor, ZWV 57.

Es una de las últimas composiciones del maestro y parece ser que fue terminada en 1738.

Fue la única de sus últimas obras que se interpretó otra vez en la Hofkirche de Dresde después de que el compositor muriese.

Es muy posible que Zelenka concibiese esta obra para la Semana Santa de ese mismo año.

Destacan los fuerte contrastes, como elemento estilístico casi unificador de la pieza, que se inicia con un marcado dramatismo.

El compositor concibió la composición como un grandioso arco y una destacada forma cíclica.

Los oboes contribuyen a crear una gran tensión que el coro se encarga de reforzar.

Una obra estupenda para descubrir el lenguaje de este importante maestro del barroco.

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