Una obra tan inabarcable como estremecedoramente bella

Una obra tan inabarcable como estremecedoramente bella

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Para esta Solemnidad de la Inmaculada te propongo disfrutar de una obra que es tan inabarcable como estremecedoramente bella.

Reconozco que casi me tiembla el pulso al nombrarla y al hablar sobre ella.

Es una de las obras que hay que escuchar una y otra vez, hacerla nuestra, disfrutarla, saborearla, adentrarse en ella.

Todo lo que se diga sobre ella es poco, como apreciarás nada más empezar los primeros compases.

Esa obra salió de la mano de Claudio Monteverdi (1567-1643), compositor italiano nacido el Cremona.

De hecho fue en esta localidad donde empezó a componer con Marc’Antonio Ingegneri.

Pronto adquirió la fama de gran maestro, primero como instrumentista de “vivuola” (viola o violín), que tañía para el duque Vincenzo I de Mantua.

De allí bebió en sus fuentes musicales y recibió influencia de Giaches de Wert, que era maestro de capilla.

No se sentía cómo en esa ciudad y cuando murió el duque se trasladó a Venecia, siendo en 1613 maestro de capilla de San Marcos.

Allí compuso algunas de las obras capitales de los comienzo del barroco, como la que te traigo hoy.

Igualmente, sobresalió en la composición de óperas, entre las que está su famoso “Orfeo”, compuesto en 1607.

Nos trasladamos a Venecia, a su imponente Basílica de San Marcos.

Allí Monteverdi publicó su Vespro della Beata Vergine en 1610, mientras él estaba todavía en Mantua.

No se conocen exactamente cuáles fueron las intenciones de esta obra ni si fue interpretada por el maestro en ninguna de las dos ciudades.

Podría haber sido una obra que sirviera como audición para presentarse a distintos puestos, como el que consiguió en Venecia o en Roma.

La composición requiere una gran orquesta barroca, con solistas y coro.

Monteverdi no establece ningún tipo de antífona en canto llano ante cada salmo o para el Magníficat final.

A pesar de todo, estas Vísperas poseen una unidad asombrosa y, como he dicho constituyen no solo una obra fundamental del barroco sino de toda la historia de la música.

Por ella Monteverdi es merecedor de un puesto permanente en el olimpo de los músicos.

La interpretación es de Silvia Frigato, Emanuela Galli (sopranos), Raffaele Pè (alto), Krystian Adam, Nicholas Mulroy, Gareth Treseder (tenores), Alexander Ashworth, Robert Davies (bajos), The Monteverdi Choir, The English Baroque Soloists y Les Pages du Centre de musique baroque de Versailles dirigidos por John Eliot Gardiner.

Escrito por Pepe Gallardo para Aeterna Christi Munera

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