Sobre crisis y batallas, por Pablo J. Vayón

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El Festival de Úbeda y Baeza, concluido este domingo, cubre sus objetivos pese a las dificultades presupuestarias y organizativas…

El último (y largo) fin de semana del XVI Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza prestó especial atención a la conmemoración del octavo centenario de la decisiva batalla de Las Navas de Tolosa (o Al-Uqab, según la denominación árabe) con un trío de conciertos que, en coproducción con el Centro Nacional de Difusión Musical, protagonizaron el Ensemble Andalusí de Tetuán y los conjuntos Alia Musica y Hespèrion XXI.

Mientras, el festival lucha su propia batalla contra la crisis, agravada por la mirada en corto de los responsables políticos y la imposibilidad, que de ello se deriva, de programar con un margen de tiempo razonable.

Pese a todo, esta nueva edición, aun refugiándose en un formato más camerístico que en anteriores citas, ha vuelto a cubrir sus objetivos de ofrecer en las dos históricas ciudades andaluzas y algunas otras localidades de la provincia jiennense un conjunto de actividades que incluye conciertos, exposiciones y cursos (este año en torno a la vihuela) capaces de atraer a profesionales y aficionados de numerosos puntos de la geografía española.

Agrupados en una serie de ciclos, de los cuales el central (Paisajes sonoros urbanos) ha servido de título a la muestra, los 28 conciertos se han repartido entre el 23 de noviembre y el 9 de diciembre por un total de 10 localidades diferentes.

En los días del puente de la Constitución el foco se colocó, ya se ha dicho, sobre la batalla de Las Navas, que fue contemplada desde diversos puntos de vista.

El jueves 6 el Ensemble Andalusí de Tetuán ofreció desde el repertorio de las nubas la mirada musulmana. Al día siguiente el conjunto Alia Musica, en formación puramente femenina (Vox Feminae), hizo un paseo por la figura de la mujer cristiana en el siglo XIII.

Cuatro voces y un órgano portativo se pasearon en la bella iglesia románica baezana de Santa Cruz por monodias y polifonías primitivas recogidas en el Manuscrito de Las Huelgas, que completaron con piezas de la mística alemana Hildegard von Bingen y de trovadores, incluida la Comtessa de Die, la única trobairitz de la que se ha conservado música.

Finalmente, el sábado 8 Jordi Savall llegó a Úbeda acompañado de dos de sus más fieles escuderos, Pedro Estevan y Dmitri Psonis, para ofrecer un trabajo en torno a las tres culturas de la península ibérica en el medievo, orientalizando y medievalizando en un estilo ya bien conocido repertorios tradicionales armenio, sefardí y andalusí.

Pero el fin de semana dio también para el cierre del ciclo organístico, con actuaciones de Juan María Pedrero, el trío Trombetta Antiqua (dos trompetas naturales junto al órgano) y el sevillano Jesús Sampedro (a quien se confió la clausura), o para una interesante conferencia-concierto en la que, apoyado en las interpretaciones de Mabel Ruiz, el violero Carlos González narró su experiencia con la conocida como vihuela de Quito (o La Marianita, por haber pertenecido a Santa Mariana de Jesús y ser conservada desde el siglo XVII en la capital ecuatoriana como reliquia), complementando así una exposición que pudo verse ya en el pasado Femás sevillano.

Los efectos de la crisis se notaron este año también en la comparecencia habitual de la Orquesta Barroca de Sevilla (OBS), que esta vez se redujo a la presencia de un cuarteto (los traversos de Rafael Ruibérriz y Guillermo Peñalver, el cello de Mercedes Ruiz y el clave de Alejandro Casal) reunidos en el mediodía del domingo en el Auditorio de las Ruinas de San Francisco de Baeza para penetrar en la raíz de otra batalla, en este caso de orden estético, que ocultó durante el Barroco una sorda lucha por el dominio político del mundo.

En La querelle des nations, aires franceses e italianos, con algunas piezas poco programadas (como uno de los tríos de Marais o una sonata de Giuseppe Sammartini), acabaron confluyendo en la obra de Bach y Telemann, en la que el triunfo del estilo italiano parece ya incontestable.

Los Solistas de la OBS mostraron una vez más su compromiso con un estilo de interpretación refinado y elegante, en el que las líneas se imponen a los acentos, las curvas a las rectas y la claridad a los excesos.

Un ambiente íntimo y recogido (acaso perjudicado por la frialdad del ambiente, incluida la escasa concurrencia de espectadores), hecho de sutilezas y detalles con los matices, acaba por imponerse en esta lucha que históricamente terminó en una síntesis de elementos.

Pasadas con nota 16 ediciones, al estupendo festival jiennense le quedan batallas mucho más duras por librar.

Fuente: www.diariodesevilla.es (Pablo J. Vayón)

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