Otro gran músico por descubrir

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Juan Navarro es considerado por la musicología actual uno de los maestros que marcó la vida del genio abulense Tomás Luis de Victoria, así como de Sebastián Vivanco.

Sin embargo, resulta llamativo que, pese a que su importancia ha sido reconocida por la comunidad científica, únicamente haya sido objeto de estudios puntuales que se remontan a la segunda década y los años ochenta del siglo XX.

Estudios, asimismo, centrados en géneros muy particulares -como los himnos y magnificats-, que gozaron de gran popularidad y difusión tras el Concilio de Trento.

Es en este punto donde cobra importancia el hecho de que la Iglesia de Santiago de Valladolid atesora en su archivo el conocido como Códice de Santiago.

Una valiosísima fuente copiada en 1616 que recoge piezas de algunos de los máximos representantes del siglo XVI español, como Francisco Guerrero, Rodrigo de Ceballos, etc. y que ha sido objeto de algunos estudios puntuales.

Precisamente, el Códice incluye entre sus páginas el mayor corpus de motetes de Juan Navarro conocido hasta la fecha, que asciende a un total de doce composiciones.

Un género -el motete-, que precisamente se caracteriza por mostrar la impronta más personal y artística de cada uno de los compositores y que, en el caso de Navarro, no han sido ni transcritos ni estudiados hasta la fecha en su mayor parte.

Texto extraído de charlarte.com

Hispalensis, un gran desconocido

Juan Navarro, fue apodado el Hispalensis.

Su apelativo es debido a que nació en la provincia de Sevilla, concretamente en la población de Marchena.

Juan Navarro fue un gran compositor y maestro de capilla, el cual ejerció durante el siglo XVI con gran relevancia y trato en lo que respecta a las grandes figuras de la música renacentista.

Hispalensis fue el primer maestro del afamado Tomás Luis de Victoría, genio de la polifonía y un referente en el mundo.

Ávila sería el lugar de unión de Hispalensis y Tomas Luis de Victoria.

Antes de centrarnos en esta unión abulense, debemos conocer mejor la figura de Juan Navarro.

Navarro nace en el año 1530.

Este realizó la labor de cantor en varias catedrales de la geografía andaluza, entre ellas las de Jaén y Málaga.

Fue dirigido por otro de los compositores celebres de la polifonía española, el sevillano Cristóbal de Morales.

Para Hispalensis, Cristóbal fue un hito importante en su vida.

La relación con de Morales y el hecho de la muerte de este, sería un momento determinante en su carrera, ya que debido a su muerte, dejaría vacante su maestría en la Catedral de Málaga y el marchenero decidiría opositar a su puesto en el año 1554.

La respuesta del cabildo de Málaga a su oposición fue negativa, la adversidad le haría reflexionar, para diez años más tarde conseguir sus propósitos.

Esto le hizo crecer y conseguir que su vida fuera exitosa.

Debemos entender que durante esta oposición se enfrentó a otro gran compositor y polifonista sevillano Francisco Guerrero, por lo tanto, no fue una oposición fácil.

Un fracaso te puede enseñar el camino, prueba de ello, es que el 26 de febrero de 1564 consigue ser nombrado Maestro de Capilla de la catedral abulense, lugar donde sería maestro del polifonista español por excelencia Tomás Luis de Victoria.

Hispalensis fue el primero en formarlo musicalmente, ahí se demostraría que tener un maestro que te haga conocer y crecer es la primera semilla para el éxito.

Juan Navarro siguió teniendo relación con muchos de los grandes de la música renacentista española.

Dejaría la capilla abulense dos años más tarde, para ser nombrado Maestro de Capilla de la catedral salmantina.

Tras este paso, no dejaría la provincia de Salamanca hasta pasados otros diez años.

En su estancia en la capital charra, conocería a dos grandes de la música en España.

Francisco de Salinas y el rondeño Vicente Espinel, precursor del sexto orden en la vihuela, el cual alabaría la labor del maestro marchenero.

Vicente Espinel elogió la influencia que tuvo Hispalensis en el coro de la Catedral de Salamanca.

Antes de dejar la provincia de Salamanca, trabajaría en la Catedral de Santa María en Ciudad Rodrigo.

El zenit de su carrera sería su labor en la Catedral de Palencia, donde fue nombrado el 17 de Octubre de 1578 Maestro de Capilla de la catedral palentina, allí moriría justo dos años más tarde.

OBRA DE JUAN NAVARRO

Música Sacra

Al contrario que la mayoría de autores polifonistas de su época, el grueso de su obra lo dejó preparado el mismo Juan Navarro para la imprenta, proyecto que, bajo la dirección de Francesco Coattino y Giacomo Tornieri​ (el nombre de este último aparece en la marca de agua del colofón del manuscrito) llevó a cabo un sobrino del compositor en Roma con el título de Psalmi, hymni ac Magnificat (1590)

Integran el grueso volumen 53 obras repartidas entre ellas 12 salmos, 18 himnos, 9 magnificat y 4 antífonas marianas.

Todas pertenecientes a los ofícios religiosos y, en concreto, a la hora de Vísperas.

Más obras suyas se encuentran en el conocido Manuscrito de la vallisoletana Parroquia de Santiago, donde encontramos 10 motetes y dos antífonas marianas: “Salve Regina“, a cuatro voces, y “Ave Regina Coelorum” a cinco voces.

En Málaga se encuentra el motete “Beatus es“, en Segovia la antífona “Vidi Aquam” y en Ávila el himno “Gloria, Laus“.

Música profana

Navarro compuso varias piezas diseminadas en dos archivos.

El de la Catedral de Valladolid y el de la Casa de Medinaceli.

Sus títulos son: “O mar, o mar fiel de mis ojos“; “Vuelve tus claros ojos“; “Ay de mi sin ventura“; “Sobre una peña“; “Siendo míos“; “Ay soledad amarga“; “Ribera sacro Darro“.

De todas ellas, salvo la primera, sólo se conserva una voz.

​Las composiciones de Navarro incluyen dos arreglos melódico-armónicos de himnos (“Vexilla regis” y “Pange lingua“), dos arreglos melódico-armónicos de antifonas (“Regina caeli” y “Ave Regina caelorum“) y un “Te Deum” basado singularmente en melodías de canto Hispánico antes que en melodías Romanas como era común entre los compositores Renacentistas.

Juan Navarro, midiéndolo por la difusión de sus obras, es notablemente copiado (es decir, contando el número de copias de su obra), siendo el autor predilecto de los maestros y capillas de Ávila, Burgos, Cuenca, Évora, Capilla Real de Granada, Guadalupe, Murcia, Palencia, Plasencia, Salamanca, Segovia, Sevilla, Toledo, Valladolid y Zaragoza.

​Tres de sus canciones fueron adaptadas para Vihuela por Esteban Daza en El Parnaso: “Ay de mi sin ventura“; “¿No vés amor?”; y “Qué razón podéis vos“, entre otras versiones.

Navarro es uno de los polifonistas más atendidos por los autores modernos: H. Eslava, F. Pedrell, Elústiza-Castrillo y otros siendo publicadas la mayoría de sus obras.

Disfrutemos de su salmo Lauda Jerusalem.

Toma las palabras del salmo 147 y el maestro adapta perfectamente la música al texto ya que casi es silábica, con algunos bellos momentos de polifonía.

Sin embargo, en la gran mayoría de los casos mueve a las voces de forma paralela, aunque lo hace de más a menos.

La homofonía predomina en los primeros versículos (entre los que se intercala el canto llano) pero luego el canto se va haciendo más florido y lleno de esa luminosidad especial que tiene la polifonía española de la época.

Destaca especialmente la influencia de Morales en su época pero Navarro es capaz de mantenerse dentro de su propia voz.

Una maravilla.

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