Mateo Flecha el joven y el escaso madrigal español

Mateo Flecha el joven y el escaso madrigal español

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Al escuchar el nombre de Mateo Flecha enseguida nos viene a la mente el autor de las populares ensaladas, un género netamente español de polifonía renacentista, cuyo nombre procede de la combinación que contienen de distintos elementos musicales.

Aunque hay quien le atribuye su invención, ya aparecen ensaladas en el Cancionero Musical de Palacio en las primeras décadas del siglo XVI, por lo que se puede decir que el mérito de Flecha fue el perfeccionar este tipo de composición y llevarla a su máxima expresión.

Sin embargo, hay otro compositor del mismo nombre, sobrino del anterior, cuyo nombre destaca en la historia de la música española por haber sido uno de los escasos madrigalistas que tuvo nuestro país.

Se le conoce como Mateo Flecha el joven, para distinguirlo de su pariente, Mateo Flecha el viejo.

El madrigal italiano no encontró su sitio en la España del siglo XVI.

Rafael Mitjana subraya que en los cancioneros españoles de finales del siglo XV y primera mitad del XVI abunda el “arte mundano” -en la forma  del cantar, el cantarcillo y el villancico-, que nada tienen que ver con el madrigal.

Se trata de piezas “ligeras, espontáneas y libres” completamente distintas del género italiano, al que tilda de “académico y acompasado” (Historia de la música en España, 1920).

Y concluye Mitjana:

“Las primeras son, por así decir, un producto natural del espíritu nacional, transformado en obra artística por el músico profesional, mientras los segundos son una consecuencia de los conocimientos científicos y de la reflexiva inspiración del autor.”

Es, por tanto, escasa la publicación de madrigales entre los músicos castellanos, y, por ello, resulta tan relevante la colección de los diecinueve madrigales con texto italiano de Flecha que vio la luz en Venecia en 1568. Titulada Il primo libro de madrigali, contiene un madrigal a tres voces, ocho madrigales a cuatro voces, ocho madrigales a cinco voces, un madrigal a seis voces y un madrigal a ocho voces.

Como curiosidad, Mateo Flecha el joven fue uno de los seis españoles de la época que publicaron libros cuyo título menciona el madrigal.

El primero de todos fue el catalán Pere Alberch Vila en 1561, y, después de la obra de Flecha, fueron impresas las de Juan Brudieu (1585), Pedro Valenzuela (1578), Sebastián Raval (1593 y 1595) y Pedro Ruimonte (1614).

De ellos, solo Flecha, Valenzuela y Raval incorporaron textos en italiano en sus composiciones.

Mateo Flecha el joven fue capellán de la emperatriz María de Austria y músico del emperador Maximiliano II.

El primer contacto con la primera lo tuvo a la edad de trece años, cuando entró como mozo cantor en la capilla que tenían las hijas de Carlos V, María y su hermana Juana, en Arévalo, cuyo maestro era su tío, Mateo Flecha el viejo. Es allí donde se inició su formación musical.

En 1552, la infanta Juana partió para casarse con Juan III de Portugal, y Flecha entra en la Orden Carmelita en Valencia, donde reside hasta 1664, para posteriormente trasladarse a Roma, donde completó su formación religiosa y entró en contacto con las tendencias musicales del momento.

En el año 1568 recibe licencia de la orden para abandonar Italia y ocupar el puesto de capellán de la emperatriz María en la corte austriaca, donde,  además, ingresa en la capilla imperial de su marido, el emperador Maximiliano II.

Unos años después de la muerte de Maximiliano, en 1581, Mateo Flecha acompaña a su viuda y a su hija Margarita a Madrid, donde esta última profesa los votos en la orden  franciscana de las Descalzas Reales de la Consolación.

Cuando el compositor viaja a Praga para incorporarse a la capilla real de Rodolfo II en 1586, María -que también ingresó en el convento en calidad de huésped de excepción- le sustituye en el puesto de su capellán por otra gran figura musical del Renacimiento español: Tomás Luis de Victoria.

Volviendo a la obra que nos ocupa, Il primo libro de madrigali de Mateo Flecha está dedicado al emperador Maximiliano II, mecenas y patrón del músico.

Las piezas que contiene combinan un número de voces variado, desde tres hasta ocho, aunque no incluye ninguna a siete.

Mariano Lambea Castro, en el estudio introductorio que incluye en la edición de la obra de Monumentos de la Música Española, sugiere que Flecha intentó con esto realizar un recorrido de la evolución del madrigal, “desde uno a tres voces que recuerda aquella colección de Constanzo Festa (hacia 1490-1545)” hasta el que cierra el libro, a ocho voces, titulado Amor ond`é, “que constituye un claro interés de nuestro autor en asimilar la técnica de los «cori spezzati», invención atribuida al flamenco Willaert y célula generadora de la policoralidad en el Barroco”.

Las composiciones de Mateo Flecha reúnen todas las características del madrigal italiano, si bien, reconoce Lambea Castro, no innovó nada ni creó escuela.

Sin embargo, sí contribuyó a encumbrar este formato, a través del uso de poesía culta y refinada, cargada de un importante componente espiritual, aplicada a una música abierta a todo tipo de opciones de estilo, pues a menudo se ha subrayado que el madrigal, más que un género concreto, es un abanico de estilos diferentes que comparten unos rasgos comunes.

Mateo Flecha el joven se encargó de publicar las ensaladas de su tío, el Flecha viejo.

Fue en Praga en 1581, y, parece ser que pudo recopilarlas durante su estancia en Valencia, donde acudió para ingresar en la Orden Carmelita.

Gracias a ello, la obra de su tío ha llegado hasta nosotros y ha podido ser reconocida por la posteridad como uno de los pilares de la música renacentista española.

No obstante, sería injusto minusvalorar las creaciones de Mateo Flecha el joven, que se erige como uno de los escasos madrigalistas de la historia de nuestra música.

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