Los enigmas musicales de Lodovico Agostini

Los enigmas musicales de Lodovico Agostini

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Encerrar adivinanzas en piezas polifónicas es uno de los méritos por los que la posteridad recuerda al músico renacentista Lodovico Agostini. La genialidad que supone construir enigmi musicali, pues así eran conocidos estos madrigales acertijo destinados a entretener a nobles y cortesanos, justifica sin duda la atención concedida a la pintoresca obra de este singular personaje. ¿Se trataba de música o solamente de meros pasatiempos? ¿Pertenecían a la familia madrigalista o eran un género aparte? En cualquier caso, Agostini nos legó una serie de libros de enigmi  y otras adivinanzas, que en su día compuso para su patrón y protector, el duque de Ferrara Alfonso II de Este, y que hoy despiertan una profunda curiosidad.

Estos enigmas musicales son piezas para el canto polifónico, que a primera vista tienen textos y texturas como los de los madrigales ordinarios, pero en el que no todas las voces aparecen anotadas. Generalmente, una de las voces debe ser descifrada a partir de la notación musical y de un poema críptico que ofrece instrucciones. La voz que contiene la solución al acertijo (risolutione) se mueve de forma independiente del resto, tanto en términos musicales como de texto, durante casi toda la pieza.

Lodovico Agostini nació en Ferrara en 1534 y bien pudo estudiar música en Roma, puesto que hay un madrigal suyo publicado en dicha ciudad (Occhi soavi e belli) en 1562. Tomó los hábitos del sacerdocio y hacia 1572 figura como cantor de la capilla musical de la catedral de San Giorgio de Ferrara. Su primera obra en solitario, Musica di Lodovico Agostini ferrarese, sopra lerime bizzarre di M. Andrea Calmo [Libro primo], fue publicado en Milán, lo que sugiere que residió allí un tiempo. Esto último es reforzado por el hecho de de que su libro de 1570 Musica di don Lodovico Agostini ferrarese il Primo Libro de madrigali  a  cinque  voci está dedicado al embajador de Ferrara en Milán. A finales de la década de los 70 ya había entrado al servicio del duque de Ferrara como músico y siempre fue muy apreciado por Alfonso II de Este.

Con el duque Alfonso II la corte de Ferrara vive un esplendor cultural que finalizó con su muerte en 1597 y con la incorporación del ducado a los Estados Pontificios. Aparte de Agostini, coincidieron en el entorno de los Este grandes nombres del Renacimiento musical tardío, como el organista Luzzasco Luzzaschi o el madrigalista asesino Carlo Gesualdo.

Los juegos y pasatiempos eran muy apreciados por la familia Este; se cuenta que Borso de Este tenía una pista de tenis cubierta en el palacio de Belriguardo. A los deportes, las justas, la danza y los juegos de mesa se unía la música como actividad lúdica. Una manera de conseguir el favor de la corte era participar con éxito en juegos musicales, ya fuese como creador o compositor, o como intérprete, destacando por la destreza técnica.

El poeta y secretario del duque Hércules II de Este Giovanbattista Giraldi Cinzio en sus consejos a jóvenes de la nobleza situaba a la música como uno de los “juegos decentes” (giuochi onesti), equiparándola con el ajedrez, si bien recomendaba que se practicase de manera que la virtud no se convirtiese en un vicio (“Ma il tutto si dee fare con tal modo che non riesca la virtù vizio”).

Este marco lúdico musical fue sin duda el caldo de cultivo idóneo para que Lodovico Agostini desarrollase sus famosos enigmas musicales. Las insinuaciones y los dobles sentidos que impregnaban los enigmi probablemente entusiasmaban al duque Alfonso, quien al igual que otros miembros de su familia, era un guasón reconocido y amigo de las bromas y chistes infantiles.

Agostini publica el primer libro de enigmas musicales en 1571 y, aunque está dedicado a los hermanos romanos Giovanni  Piero  and  Tiberio  Cerasi, parece ser que el autor no se encontraba en ese momento en la Ciudad Eterna sino en el norte de Italia. La obra contiene enigmas y también madrigales convencionales y canciones a varias voces.

Al año siguiente salen a la luz dos nuevos libros: Libro secondo de madrigali a quatro voci y Canones, et Echo sex vocibus. Este último incluye cinco cánones criptográficos en la línea de los enigmas (se parecen a estos excepto en que no incluyen poema de instrucciones encriptadas), algunos con la solución escrita en el texto y otros sin ella.

En 1581 publica en Venecia un segundo libro de enigmas L’Echo,  et  enigmi  musicali  a  sei  voci,  libro  secondo. Contiene menos enigmas que su predecesor, seis y un canon críptico,  y, sin embargo, los acertijos son más complejos. El volumen Il nuovo Echo a cinque voci . . . libro terzo de 1583 está dedicado a Alfonso II de Este y contiene tan solo un enigma, De l’odorate spoglie, el último que publicó Agostini.

El participar en la resolución de los enigmi de Lodovico Agostini requería del cortesano unos conocimientos muy avanzados de técnica musical, no se trataba solamente de ser un buen intérprete.

Laurie Stras de la Universidad de Southampton (‘Al gioco si conosce il galantuomo´: artífice, humour and play in the enigmi musicali of Don Lodovico Agostini, Early Music History (2005) Volume 24)  nos ofrece un ejemplo de cómo planteaba Agostini sus enigmas, basándose en el que abre el primer libro, Un mal è che mi rende afflitto e mesto.

Un mal è che mi rende afflitto, e mesto,
un remedio può sol farmi contento,
un Re mi tien oppresso, et m’è molesto,
un Re mi fa gir fuori di tormento,
un Re mi fa sol lieto a tutte l’hore,
un Re mi fa sol lasso, e quest’è Amore.

Se podría traducir como:

Una enfermedad me tiene afligido y triste,
Un remedio solamente puede contentarme,
Un rey me mantiene oprimido y me maltrata,
Un rey me exilia del tormento,
Un rey tan solo me mantiene feliz todo el rato,
Un  rey tan solo me mantiene desdichado, y este es Amor.

 Cada línea va aportando información y el último verso desvela todas las sílabas hexacordales (un Re mi fa sol lasso).

 ¿Eran música o simples pasatiempos, volvemos a preguntar? En última instancia un maravillosos ejemplo de lo que puede dar de sí la creatividad humana.

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