Sale a la luz la figura y obra, un tanto olvidada, de Pedro de Ruimonte

Sale a la luz la figura y obra, un tanto olvidada, de Pedro de Ruimonte

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(Zaragoza, 1565 – id., 20-XI-1627) Maestro de Capilla y compositor musical, de los más importantes que ha tenido Aragón en el Renacimiento.

Nacido en Zaragoza, en la popular parroquia de San Pablo, en la que fue bautizado en abril de 1565, su formación musical se desarrollaría, con toda probabilidad, en el ambiente musical de su parroquia y a través de las lecciones públicas y diarias que en La Seo zaragozana impartía su afamado maestro de capilla y polifonista Melchor Robledo.

La documentación presenta a Pedro Ruimonte en fecha indeterminada —pero muy poco posterior a la de 1599, en que el archiduque Alberto y la princesa Isabel Clara Eugenia tomaron posesión de la Gobernación de los Países Bajos— como «mozo de coro» de su capilla de música, en la primera lista de camareros, capellanes, cantores y mayordomos que conocemos de la corte en Bruselas de dichos príncipes gobernadores.

Ya en 1601, Ruimonte se da los títulos de «Maestro de Música de la Capilla y de la Cámara de sus Altezas Serenísimas», que conservará hasta 1605, fecha en que el maestro de capilla de la corte real en Madrid, Gery de Ghersem, vuelto a su patria, es nombrado maestro de la capilla real española en Bruselas, conservando Ruimonte el cargo de «Maestro de Música de la Cámara de los Serenísimos Príncipes», con sueldo superior a cualquier otro maestro y músico de aquella corte.

Durante su permanencia en Bruselas imprimió tres libros de composiciones suyas en la tipografía musical de Pierre Phalese de Amberes: Missae Sex IV. V. et VI. vocum, en 1604; Cantiones Sacrae IV. V. VI. et VII. vocum et Hieremiae Prophetae Lamentationes sex vocum, en 1607, y el Parnaso Español de Madrigales y Villancicos a quatro, cinco y seys, en 1614.

Estas obras corresponden a la formidable capilla de música que nuestro maestro regía en Bruselas: doce niños cantores, tres altos, un contralto, tres tenores, un bajo y tres organistas, además de un nutrido grupo de ministriles que tañían los más diversos instrumentos: cornetas, diferentes instrumentos de cuerda, dulzainas, flautas, fagotes, trombones, etc.

Bajo su magisterio tuvo a los importantes organistas flamencos Peter Philips y Peter Cornet, y a los ocasionalmente refugiados en la corte de Bruselas (por la persecución en Inglaterra contra los católicos) organista John Boneville y el famoso virginalista John Bull.

De la obra manuscrita de Ruimonte sólo conocemos la misa La Pastorella mía, a ocho voces en dos coros con acompañamiento, guardada en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial, y el motete Succurre miseris también a ocho voces en dos coros, en el archivo de La Seo de Zaragoza.

Ruimonte vuelve a España en 1614, después de haber dejado ultimada la edición del Parnaso, y en concreto a Zaragoza, dedicándose a la enseñanza de la música, como consta por el testimonio autógrafo del maestro aragonés Diego Pontac, que dice haber estudiado con nuestro maestro «contrapunto sobre tiple y de concierto».

Nada sabemos de alguna otra actividad suya en Zaragoza durante esta época.

Cierto que su situación económica estaba asegurada al convivir con su hermana Catalina, viuda del infanzón Martín de Villanueva, del que había recogido pingüe herencia que ella procuró aumentar aún más, y que puso a disposición de sus hermanos Pedro, Justa y Gracia, los cuales, en estas fechas de la vuelta de Pedro, ya habían enviudado.

Catalina, por su posición económica y actividad comercial, como se constata por su legado testamentario que vemos recordado y actualizado hasta 150 años después de su muerte, tuvo, como Pedro, un cierto relieve social en Zaragoza, según se desprende de la documentación que, por ejemplo, habla de determinadas viviendas «de la Ruymonte», dando por descontado que se refiere a Catalina.

La laguna documental existente con referencia a esta época de la vida de Ruimonte se une a la que se da por la carencia de documentos que expliciten los títulos con que Ruimonte figura repetidas veces: «infanzón de la Cámara y Capilla de Sus Altezas Serenísimas en Flandes»; «Comisario y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición del presente Reino de Aragón», y el de «presbítero».

Pedro Ruimonte muere en Zaragoza pocos días antes del que creemos cordial amigo suyo, también nacido en la parroquia de San Pablo en 1561, el formidable organista y compositor zaragozano Sebastián Aguilera de Heredia, quien fallecería el 16-XII-1627.

Ruimonte fue sepultado en el convento de San Lázaro, en donde su hermana Catalina poseía una capilla para los enterramientos familiares.

Ha correspondido a nuestros días el sacar a la luz la figura y obra, un tanto olvidada, en manera alguna desconocida, de Ruimonte.

En vida fue reconocido por sus conciudadanos, que lo designaban familiarmente «el Maestro Pedro», según afirma Latassa.

Y el cronista Vincencio Blasco de Lanuza en sus Historias Eclesiásticas cita a Ruimonte al hablar de «los que con su diligencia y cuidado han honrado otras ciencias y este Reino», dando cuenta de su presencia en Zaragoza en la fecha de la redacción de sus Historias, esto es, el año 1618.

3 Comentarios sobre “Sale a la luz la figura y obra, un tanto olvidada, de Pedro de Ruimonte”

  1. Jose Vicente GV dice:

    Fue un gran maestro. Habría que promocionar mas esta música y este compositor

  2. Ariasexta dice:

    Ruimonte es un compositor muy interesante, tengo un CD de suyas obras.

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