BACH Y HAENDEL, reflejos en el espejo del destino

BACH Y HAENDEL, reflejos en el espejo del destino

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Adrian Rodríguez | “La Historia… El misterioso taller de Dios!”. Goethe.

A veces el indescifrable mapa del destino parece plegarse y pone en contacto dos puntos en principio lejanos.

Otras la casualidad se hace patente y se convierte en una inteligente e invisible mano que nos señala algo que no entendemos o no podemos ver.

Quizá, solo pretende burlarse de nosotros.

Shakespeare decía que la vida es un cuento contado por un idiota.

En ocasiones pareciese que el idiota prefiere repetir arquetipos, personajes y circunstancias, desdoblándolos crea opuestos y complementarios.

El mismo Shakespeare nació en la misma fecha, que no el mismo día por una cuestión de distintos calendarios, que el otro gran genio literario de su tiempo: Cervantes.

Posiblemente nunca supieron el uno del otro pero es claro que ambos tuvieron un parecido papel en la encumbración en la Historia de sus respectivas lenguas, las que luego serían las más habladas del orbe.

Las increíbles analogías y diferencias entre las vidas de los dos presidentes norteamericanos Lincoln y Kennedy referentes a las fechas, los nombres de las personas que les rodeaban, las circunstancias de sus asesinatos y más de un centenar de hechos desconcertantes por su exacta simetría han merecido la atención y reflexión de multitud de autores de diversos campos, desde la historia hasta la semiótica o la metafísica.

Personalmente, a mí siempre me ha fascinado la relación entre los dos colosos del barroco musical europeo: Johann Sebastian Bach y Georg Friederich Haendel.

Los dos nacieron en la misma región de Alemania en el mismo año, 1685.

Bach nunca viajó más allá de cien kilómetros de donde nació y cuando lo hizo fue por obligación.

Haendel emigró muy joven, recorrió toda Europa y se instaló en Londres, donde labró una importante fortuna como compositor y empresario y un sólido prestigio internacional.

Bach, conocido solo por músicos, llevó una vida austera trabajando como maestro de escuela, rayando en la miseria y tuvo dos mujeres y veinte hijos, al contrario que Haendel, del que no se conoce relaciones ni descendencia e incluso algunos autores, aunque sin pruebas, apuntan a una posible homosexualidad.

Los dos sabían el uno del otro y se profesaban una profunda y demostrada admiración, aunque sus estímulos, estilos y objetivos eran ampliamente opuestos, casi complementarios.

Bach era la tradición y Haendel la moda.

Haendel componía para los hombres y Bach para Dios.

En 1701 Bach se presentó en la localidad de Lübeck a unas pruebas para acceder al cargo de organista de la ciudad que había quedado vacante tras la muerte del gran maestro Buxtehude, el ídolo musical de su juventud.

Por supuesto Bach pasó con creces las pruebas pero, finalmente, se echó atrás cuando le comunicaron que el cargo llevaba aparejado el matrimonio con la hija de Buxtehude.

Dos años más tarde le sucedió exactamente lo mismo a Haendel, quien lo tomó con excelente humor pero que, como ya había hecho Bach, huyó de la boda “por oposición”.

En tres ocasiones viajó Haendel desde Inglaterra hasta Halle, su ciudad natal.

La primera vez fue en 1719.

Bach vivía entonces en Cöthen, a cuatro leguas de Halle, y en cuanto se enteró se puso de inmediato en camino para visitarle.

Cuando llegó Haendel acababa de partir.

En el segundo viaje de Haendel a Halle diez años después, Bach, que por entonces vivía en Leipzig, estaba enfermo, curiosamente era la primera vez que enfermaba en su vida.

Pero envío prestamente a su hijo Wilhem Friedmann (quien por cierto fue el que se quedó finalmente con la plaza de Buxtehude aunque sin tener que casarse con nadie) para invitar a Haendel a que fuera a visitarle.

Haendel le hizo saber que lamentaba profundamente no poder aceptar la invitación, no sabemos por qué.

Durante el tercer viaje, más de veinte años más tarde, Haendel se enteró de que Bach acababa de morir.

Siempre se lamentó de no haber conocido a su gran rival.

En el duro invierno de 1749 un famoso cirujano inglés, el doctor John Taylor, de paso por Leipzig, convenció al viejo Bach para que se sometiera a una delicada operación en los ojos que, según el médico, devolvería la luz a la cansada vista del maestro.

La operación consistía en introducir un fino bisturí por los lacrimales del paciente.

Obviamente no solamente no le devolvió la visión sino que la terrible intervención le acarreó las más funestas consecuencias.

Quedó completamente ciego y su salud se resintió de manera considerable.

El 18 de julio de 1750 recuperó la vista súbitamente por algunas horas, charló animadamente y cantó corales con su familia y amigos en su lecho de muerte para caer luego fulminado por un ataque de apoplejía.

Murió en la noche del 28 de julio y fue enterrado el viernes 31 en el modesto cementerio de San Juan.

Nueve años más tarde, en Londres, Haendel se encontraba aquejado por un mal parecido, su vista se había debilitado hasta tal punto que apenas podía distinguir algunas formas.

Sus allegados le recomendaron que se dejase aconsejar por un famoso oftalmólogo que acababa de llegar de una exitosa gira por Europa y que, por lo visto, había curado bastantes casos similares.

El doctor se llamaba John Taylor y era, efectivamente, el mismo cirujano que años atrás había dejado completamente ciego al pobre Bach.

Haendel no lo sabía y se dejó operar por el mismo método quedándose también ciego por el resto de sus días, el 14 de abril de 1759 murió en la más absoluta oscuridad.

Su muerte fue ampliamente comentada en la prensa londinense, destacando que dejaba una fortuna de más de 20.000 libras.

Le fue negado el funeral privado que había pedido y, según el London Evening Post del 24 de abril, ” se calcula que no había menos de 3.000 presentes” en la tarde del 20 en la Abadía de Westminster, donde fue enterrado en la Cruz Sur con este epitafio:

Beneath this Place
Are reposited the Remains of
GEORGE FREDERICK HANDEL
The most excellent Musician
Any Age ever produced:
Whose Compositions were a
Sentimental Language
Rather than mere Sounds;
And surpassed the Power of Words
In expressing the various Passions
Of the Human Heart. *

* Bajo este lugar / están depositados los restos de / George Frederick Handel / el músico más admirable / surgido en cualquier época; / cuyas composiciones fueron un lenguaje sentimental / más que simples sonidos; / y superaron el poder de las palabras / al expresar las distintas pasiones / del corazón humano

A estas alturas Bach ya estaba completamente olvidado y su familia sobrevivía en la miseria.

Tendrían que pasar muchos años, casi un siglo, para que “por casualidad” el gran Félix Mendelssohn descubriera en el desván de la mansión familiar los cientos de manuscritos que mucho tiempo atrás su abuela había comprado en una subasta benéfica pero que no ojeó jamás.

Lo que encontró el niño Mendelssohn era la obra casi completa y original de Johann Sebastián Bach.

A él, que era seguramente la persona más indicada del universo para hacer este descubrimiento por su talento y posición social y cultural, el contacto con la música de Bach le cambió la percepción del arte y de la vida.

Dedicó gran parte de su corta pero intensísima vida a editar, tocar y difundir la obra y la figura del Cantor de Leipzig.

Este hallazgo en el desván, como un mensaje en una botella, llegó al mejor destinatario y cambió para siempre la vida de Mendelssohn y la de millones de personas hasta nuestros días.

Escrito por Adrián Rodríguez

6 Comentarios sobre “BACH Y HAENDEL, reflejos en el espejo del destino”

  1. Gloria Peláez dice:

    Muy buen artículo. Felicidades y muchas gracias.

  2. Gracias por publicarlo, saludos!

  3. Anónimo dice:

    D.Scarlatti también nació ese mismo año..

  4. Fioravanti. dice:

    Según muchos musicólogos Haendel le dice que no puede visitar a bach porque lo habían llamado urgente en un carta desde londres donde estaba en peligro la reputación de la corte londinense con la llegada de Porpora y J. A Hasse.

    Respecto a otro hecho curioso, Carl Zelter compositor y director que admitiera a Mandelssohn en el conservatorio ya sabía de las partituras de Bach pues él mismo tenía en su poder manuscritos que se los muestra al jóven Félixx, esos manuscritos llegan canalizados por J. C Bach quién conoce a Zelter cuando ambos eran miembros de la famosa orquesta de Mannheim dirigida por F. X Richter el músico y compositor de la reforma orquestal y de cámara.

  5. Jorge Leonardo Flores dice:

    Otra curiosidad : Bach y Antonio Vivaldi cumbre del barroco italiano morirían un 28 de julio .1741 (el segundo ) y 1750 ( el primero)

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